Geraldine Arismendi: La Fuerza de un Sueño Paralímpico, más allá del dolor.

Imaginen una niña, Geraldine, con la energía desbordante de un torbellino merideño. A los cinco años, el agua fue su primer lienzo, aprendiendo a nadar con la misma pasión con la que, dos años después, las cuerdas de un violín vibrarían en sus manos. Su talento la llevó a la prestigiosa Orquesta Juvenil e Infantil del estado Mérida, regalando melodías en una inolvidable gira con Serenata Guayanesa. Pero la adolescencia trajo consigo cambios inesperados, problemas hormonales y aumento de peso, su madre la impulsó a un nuevo escenario: el gimnasio.

Fue allí, en 2002, durante una caminata por su ciudad, la Caminata “Ciudad de Mérida”, donde un flechazo inesperado la alcanzó, una sensación de libertad al moverse. Correr y rodar se convirtieron en su nueva forma de expresión, compartido con amigos en un contexto venezolano marcado por tiempos complejos en la industria petrolera nacional, en donde la bicicleta se erigía como una alternativa cotidiana. Al cumplir quince años, su deseo era claro: una bicicleta de ruta, para hacer realidad su sueño trabajó en Ultrabikex, ahorrando cada bolívar para sus pedales, zapatillas y casco. Su meta inicial era el triatlón, pero la natación no era su fuerte, así que el duatlón se convirtió en su pista de despegue, representando con orgullo a Mérida y luego al estado Miranda en varias válidas nacionales.

Marzo de 2006 marcó su ingreso a la universidad para estudiar ingeniería química, un nuevo desafío que abrazó con la misma determinación,  pero la vida, a veces, nos lanza pruebas inimaginables. Un fatídico 5 de octubre de 2008, mientras pedaleaba entrenando hacia Lagunillas, una buseta truncó su camino de la manera más brutal, el impacto la dejó con fracturas expuestas en fémur, tibia y peroné, y una lesión devastadora en el plexo braquial de su brazo izquierdo. Tres largos meses en el hospital, luchando contra infecciones, la confinaron a una silla de ruedas al regresar a casa, con su brazo inmovilizado. Aunque la fisioterapia obró un milagro en su pierna, devolviéndole la movilidad, su brazo se convirtió en un tormento constante, un dolor neuropático que describió como "totalmente inhumano". 

La oscuridad de la depresión la envolvió, un abismo profundo del que solo el amor incondicional de su familia y amigos, el regreso a sus estudios y las caminatas lentas en el estadio Soto Rosa antes de sus terapias, lograron rescatarla. Aprendió a coexistir con el dolor, pero jamás se resignó a que fuera su compañero eterno.

La búsqueda de un respiro, una odisea. 

La gorda María Graciela García y su madre, la Sra Gladys, tejieron una red de esperanza, encontrando un especialista en Valencia que la remitió a la doctora Magali Torrealba en Caracas. En marzo de 2011, Geraldine tomó una decisión valiente: mudarse a la capital para someterse a terapias intensivas contra el dolor. En Caracas, encontró un nuevo impulso en el asfalto, corriendo la Carrera Caracas Rock en octubre. 

Para financiar una posible cirugía, su ingenio y el apoyo de Ultrabikex se unieron en una rifa de una bicicleta, complementada por el apoyo de la empresa JVTEC. El 1 de noviembre de 2012, su plexo braquial izquierdo fue explorado en una descompresión nerviosa. El año 2013 amaneció con una luz de esperanza, el dolor había cedido. Pero la tregua fue efímera, y con el paso de los meses, el sufrimiento regresó con una intensidad insoportable.

Una invitación a un congreso de cirugía de mano en Caracas en junio de 2015 encendió una nueva llama. Un especialista mexicano en lesiones de plexo braquial, el Dr. Jorge Clifton, asistiría, la ilusión de una cirugía en el Hospital Militar Vicente Salias, con la promesa de recuperar movilidad y aliviar el dolor. La posibilidad de ser operada por el Dr. Clifton generó una gran esperanza en Geraldine. Sin embargo, imprevistos como la suspensión de su vuelo y, posteriormente, la interrupción de las conexiones aéreas con Venezuela, hicieron que la cirugía no pudiera llevarse a cabo en las fechas inicialmente previstas. Posteriormente, la videoconsulta con el Dr. Clifton ofreció una nueva perspectiva de tratamiento en Guadalajara, aunque el costo representaba un desafío económico significativo para ella.

El Poder de la Amistad: Un Impulso Invaluable.

La campaña "Una vida sin dolor para Geraldine Arismendi" nació, nutriéndose de un GoFundMe, rifas y eventos deportivos. El Gran Fondo Collado del Cóndor en 2022 y 2023 se transformaron en plataformas para visibilizar su causa y recaudar fondos. 

Avanzando en su propósito, y en una conversación a través de Instagram con Juan, un amigo afectado por una lesión de plexo que había optado por la amputación, se convirtió en un faro. Juan compartió su historia y le preguntó por qué no consideraba viajar a Cali para ver a su médico. Geraldine tomó una decisión audaz: viajar a Cali con su madre. Se hospedaron en Palmira, cerca de la ciudad colombiana, en casa de su prima Karina. El 9 de abril, tuvo su primera consulta con el Dr. Diego Dávalos en Cali. La pregunta del doctor fue directa: ¿eliminar el dolor o ganar movilidad? Su respuesta fue unánime: aliviar el sufrimiento. Fue entonces cuando se decidió realizar una drezotomía, un procedimiento radical que implicaba cortar los nervios del plexo braquial desde la raíz de la médula espinal.

La solidaridad de sus seres queridos obró un nuevo milagro, reuniendo los fondos restantes necesarios en tiempo récord. El 3 de mayo de 2024, Geraldine cruzaba las puertas del quirófano. El Dr. Diego Dávalos y el neurocirujano le explicaron la delicadeza de la drezotomía, una intervención que implicaba abrir la médula espinal y parte del cerebro para desconectar los nervios. Los riesgos eran impactantes: paraplejia, cuadriplejia, pérdida de movilidad en el otro brazo, incluso la muerte, pero la determinación por liberarse del dolor superó el miedo. La cirugía duró varias horas, al despertar, su cuerpo se sentía maltrecho, pero el milagro se había obrado: el dolor neuropático había desaparecido por completo. Su recuperación en Cali y Palmira, arropada por el cariño de su madre y su prima Karina, fue un renacer. Tras recibir el alta del Dr. Diego, aprovechó para visitar la bella Bogotá antes de regresar a Venezuela el 11 de junio, donde sus primos Maria Gabriela y Francisco los apoyaron con cuidados y cariño antes de su regreso a Venezuela .

Aunque su cuerpo aún guardaba las secuelas de la cirugía, la sensación era la de un "carro 0 km". Poco a poco, la vida comenzó a florecer de nuevo, retomando la natación y el spinning. En enero de 2025, la alegría de adquirir su propia bicicleta, una Specialized Diverge de gravel, marcó un nuevo comienzo. Su existencia dio un giro de 180 grados, pasando de soportar 24 horas de dolor a la dicha de no sentir absolutamente nada. Los primeros meses sin dolor fueron extraños, incluso experimentó una extraña sensación de vacío ante su ausencia. Con su nueva compañera de dos ruedas, decidió desafiar nuevamente el Gran Fondo Collado del Cóndor, a pesar de su reciente recuperación, siempre inspirada por su pasión por el ciclismo .

Una oportunidad esperada, y el inicio del proyecto paralímpico.

Recientemente, la invitación al triatlón Trianz en su decimoquinta edición el 18 de mayo de 2025 se presentó como una brisa de aire fresco, con un mensaje de un nuevo porvenir. La organización, amigos de siempre y solidarios con los atletas, cubre su inscripción y hospedaje, un amigo le regaló los boletos y recibió apoyo para los gastos. Su objetivo principal era obtener tiempos oficiales para trazar su camino hacia el ciclo paralímpico en paratriatlón. Su entrenador, Johan Araque, se ha convertido en fuente importante de motivación para alcanzar este sueño. El próximo paso es crucial: asistir a un evento clasificador para que le asignen su categoría de competición. Luego, competirá en el exterior para acumular los puntos necesarios para clasificar a los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028. 

La perseverancia y la disciplina, las semillas que germinan resultados a largo plazo, son ahora sus fieles aliadas en este nuevo y emocionante capítulo de su historia. Geraldine Arismendi, la niña enérgica, la violinista talentosa, la duatleta resiliente, es ahora una paratriatleta con la mirada fija en las estrellas del olimpo, demostrando que la pasión, la lucha y la perseverancia son la fórmula para superar cualquier adversidad y alcanzar los sueños más audaces.

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Geraldine Arismendi, Eduardo Valderrama.



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